Entre líneas

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Henri de Toulouse-Lautrec - At the Moulin
Henri de Toulouse-Lautrec - At the Moulin

LEER ENTRE LÍNEAS

(o de los egos que revelan la personalidad)

Por: Alex R. Zambrano Torres

La vida es compleja, aunque parezca simple; y no es que sea compleja en sí sino porque las personas son complejas "siempre": sienten, tienen gustos, deseos, motivos, ilusiones, desengaños, frustraciones, complejos, vanidades, emociones y muchos, pero muchos secretos. Estos secretos son la mayor de las veces la causa de su comportamiento. El problema está en que ni siquiera saben que tienen secretos y menos cuáles son, no pueden identificarlos y, por lo tanto, no pueden ni saben tratarlos. Cada persona tiene sus propias y diferenciales capacidades y competencias, por eso la complejidad cambia o es diferente en cada persona y la experiencia de otra persona no funciona. Así, para una persona es facilísimo hacer determinada cosa (cantar, razonar, jugar a la pelota, etc.) pero la misma cosa resulta dificilísimo para otra persona; para unos las cosas son obvias, lo que para los otros son complejas e ininteligibles.

Esta complejidad de la persona hace que hasta el lenguaje no sea suficiente para entendernos; así existe algo dentro del lenguaje (metalenguaje) que es el verdadero sentido de lo que quiere la persona. Conclusión: todo está entre líneas. El lenguaje real es el lenguaje entre líneas. Esto se aprecia mejor en el lenguaje entre hombres y mujeres (en la fase del cortejo o precortejo). Las parejas hablan entre líneas como sistemas de protección, porque un rechazo produce dolor, y entonces el cortejo, así como la misma vida, se vuelven lenguajes "entre líneas".

Otro caso es, por ejemplo, cuando una persona no puede o no se deja ayudar. No necesariamente es que no quiera ser ayudado, talvez simplemente no puede, no sabe y su carácter lo obliga a ser lo que es, a ser natural consigo mismo, es decir, a no demostrar lo que quiere, a no poder exteriorizar sus sentimientos, necesidades y requerimientos.

La gente no siempre sabe expresar sus sentimientos, pero, sí tiene una mayor facilidad para proponer lo que deben hacer los demás. Es por eso que la mayor parte de la vida vamos «juzgando» a los demás, así sentenciamos: "él debería hacer esto, o aquello", "aquel debería comportarse de esta manera o de esta otra", "ella es chismosa", "él es así y asá". Es muy fácil decir cómo deben vivir los demás, muy difícil vivir como los demás; a esto último le llaman "empatía", ponerse en el lugar del otro para entender las razones de su comportamiento. La generalidad de las veces el problema está en el ego, hay demasiada vanidad, orgullo en cada persona y es por esa razón que actúan de tal o cual manera. Sin embargo, el ego, entre otros, no es un problema que se origina solo de la naturaleza de la propia persona, sino que proviene de todo un sistema educativo, como la familiar, escolar, universitaria, profesional, laboral, social, que se desarrolla permanentemente y en la cual estamos todos construyendo todos los días. A este sistema normativo se le puede denominar un proceso de "normalización".

Así, "el orgullo es algo que se aprende", que alguien o alguna experiencia te enseña; por ejemplo, puede suceder que alguien te ha dicho o te ha hecho sentir que esto o aquello te valora y esto o lo otro te humilla; de esas nociones nacen todas las frustraciones, porque estamos intentando no afectar a nuestro ego. Nietzsche hablaba mucho del ego, y mostraba cómo las personas son capaces de sacrificar cualquier cosa en favor de su orgullo. Pero, el orgullo también "se desaprende". El ego puede verse marcadamente en las discusiones, que son en realidad solo luchas de egos: una persona se molesta con la otra y ¿qué está en juego en realidad?: el ego. Sin embargo, pienso que en esta estación de la vida ya no hay tiempo para enojarse, para historias de enfrentamientos, para discusiones vanas; en este tiempo, pelearse, intentar imponer una opinión sobre la opinión del otro es ya un acto ridículo, infértil, absurdo y egocentrista: ¿qué importa si el otro te ha insultado, ha hablado mal de ti, ha hecho esto otro o aquello? No hay nada más ridículo que molestarse por los defectos de los demás: solo queda no hacer caso y seguir como si nada. No hay tiempo para resentimientos ni ridiculeces de intrigas o peleas: sea lo que sea que haya pasado. A eso se le llama no madurez, sino "personalidad". Pero eso no se entenderá, porque el ego no es un acto racional sino sentimental: se inserta en el instinto, se hace instinto e indispensable; entonces la conclusión será que cada quien seguirá con sus egos: mientras más grande el ego más grande las discusiones, intrigas y ridiculeces como esas; hablar del ego nos lleva a Freud y a Yung.

En el Derecho, cuando uno te imputa un hecho falso puedes querellarlo; si te imputan un delito puedes demandarlo por calumnia, y hasta demandarlo por daño moral, pedir cantidades inmensas por la humillación, etc. Pero en aquellos casos se involucra ya otras cosas más que el ego, la vanidad, como el derecho a no ser discriminado, igualdad, respeto, dignidad, libertad, trabajo, honor, buena reputación, etc. Son conceptos y derechos más extensos, que contienen mayores resultados dentro de su ejercicio, que tratan sobre el derecho de proyectibilidad y desarrollo de la personalidad, etc.

Por último, cabe señalar como aclaración que una persona no tiene ego, tiene "egos" (en plural), por ejemplo, tiene ego porque se cree el más inteligente, entonces todo aquello que niegue su inteligencia afectará su "ego inteligencia"; pero la misma persona también se cree el más bonito, entonces todo aquello que atente contra esta idea afectará al "ego belleza", y así, hay infinidad de egos. Para definir a una persona basta con encontrar cuáles son sus egos y sabrás cuál es su personalidad. Este test es muy importante en el trabajo y se le denominan "perfil", que intenta crear una base de datos de productividad del trabajador o colaborador.

Todo lo anterior nos lleva de nuevo a nuestro primer razonamiento, lo dicho "entre líneas", que son formas de no ver afectado el ego (o egos), un metalenguaje, un sistema de protección, que en realidad utilizamos todos y que revela que el lenguaje no es suficiente, es necesario un metalenguaje, aprender a leer entre líneas.

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